La emoción lo es todo.
¿No crees?
¿Cuándo fue la última vez que te emocionaste de verdad?
¿Con algo que viste? ¿Con algo que alguien dijo? ¿Con una historia que no esperabas y te tocó?
La emoción es lo que nos conecta.
Lo que convierte una situación en un recuerdo.
Y lo que convierte una marca en algo más que un producto.
Las historias nos atrapan. Nos hacen sentir.
Y si sientes… conectas.
Y si conectas… decides.
Compras. Te quedas. Recomiendas. Vuelves.
Hace poco empecé un libro que se llama “Por qué a las marcas con un propósito les va mejor e importan más”.
Y en la contraportada hay una frase que se me quedó grabada:
«Las marcas más importantes del mundo nos hacen sentir algo, nos inspiran. Esto es así porque quieren cambiar el mundo. Más allá del beneficio económico, son marcas que persiguen un propósito. Como clientes nos encantan sus productos, pero lo que realmente nos gusta es el cambio que promueven. Y queremos ser parte de él.»
Esa frase me hizo pensar.
Sobre todo en lo fácil que es hoy en día crear marcas vacías.
De esas que tienen un logo bonito, una tipografía elegante y una frase genérica en la bio.
Pero que no dicen nada. Que no emocionan. Que no dejan huella.
El propósito no se inventa, se encuentra
Una historia de verdad no se escribe en una tarde.
Se construye desde la experiencia, desde los valores, desde lo que has vivido o te ha dolido.
Y sí, a veces esa historia no tiene un final feliz. Pero es real.
Y en ese punto exacto empieza la conexión con las personas.
Porque nadie conecta con marcas perfectas.
Conectamos con marcas humanas. Que dudan, que evolucionan, que se caen y se levantan.
Yo siempre he creído que detrás de toda marca con alma hay una historia que merece ser contada.
La clave está en saber encontrarla.
Y sobre todo, saber comunicarla.
Contar una historia no es decir que “eres diferente” porque sí.
No es usar palabras bonitas vacías de sentido.
No es decir que eres sostenible mientras vendes camisetas de 2 € hechas en Bangladesh.
El storytelling real es coherencia.
Es encontrar el propósito, darle forma y saber contarlo sin disfraz.
Es emocionar sin manipular.
Como dice otra frase del libro que me marcó mucho:
“Lo fácil no construye cosas geniales.”
Y contar historias de verdad, te lo aseguro, no es fácil.
Pero cuando lo haces bien, el impacto es brutal.
Gracias por leer hasta aquí.
Y si tienes una marca o algún proyecto en mente, piensa:
¿Qué historia estás contando?
¿Y por qué alguien debería formar parte de ella?
No vendas cuentos. Cuenta algo real. Algo tuyo.
Porque ahí está la diferencia.
Y si te sirve de algo: todas las marcas que de verdad admiro, empezaron contando lo que las hizo únicas.
No lo que creían que la gente quería escuchar.
P.D. Esto ya es el cuarto post. Si has leído los anteriores, ya sabes que aquí hay lore.
Si es tu primer día en este blog… bienvenid@. Te quedan unas cuantas referencias internas por descubrir.
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Chau chau chau chau chau chauuu.