«Branding es construir.» Lo dijo Toni Segarra.
Si no lo conoces, Segarra es uno de los publicistas más influyentes en España. El tipo detrás de campañas que todos recordamos, incluso sin saber que eran suyas. Un maestro en entender que las marcas no se hacen de un día para otro, sino que se levantan como una casa: ladrillo a ladrillo.
Y sí, una marca, por encima de todo, es diferencia.
Y la diferencia, bien gestionada, se traduce en valor.
Construir una marca no es ponerle un logo bonito, ni un par de colores que “funcionen bien en Instagram”. No es un eslogan que suena bien por casualidad.
Es mucho más: es estrategia antes que estética.
Es saber qué quieres provocar en la gente y asegurarte de que cada detalle lo transmite.
Desde cómo contestas un email, hasta cómo entregas un pedido.
Desde el tono de un post en redes, hasta la experiencia que tiene un cliente al entrar en tu local.
Una marca es como un idioma propio:
si hablas siempre igual, te entienden.
Si cada día cambias de acento, confundes.
La coherencia no es lo más llamativo, pero es lo que hace que una marca crezca.
Repetir, reforzar, recordar.
Que tu mensaje cale.
Que tu cliente no solo te vea, sino que te entienda.
Ejemplo rápido:
Piensa en Apple. Puedes discutir si te gusta o no, pero no puedes negar que todo lo que hacen sigue una línea clara. El producto, la web, la tienda física, la caja donde viene el producto, el servicio técnico… todo habla el mismo idioma.
Eso no pasa por accidente.
Eso es construir.
Las marcas que valen no se improvisan.
Se construyen.
Decisión a decisión.
Con visión de futuro y paciencia.
Porque cuando lo haces bien, dejas de competir por precio.
Y empiezas a competir por significado.
Y ahí, créeme, hay menos gente.
Pero la que hay, sabe muy bien lo que hace.
Así que si estás creando una marca, pregúntate:
¿Estás decorando una fachada o levantando un edificio?
Gracias por leer.
Nos leemos en el próximo post.