Este es el segundo post del blog. Si no has leído el primero… ¿qué haces aquí? Nah, es broma. Puedes leerlo luego, si te apetece. Son cinco minutos menos de TikTok en el día.
Hoy quería hablarte del famoso síndrome del impostor.
Ese sentimiento de estar haciendo algo —trabajando, creando, compartiendo— y sentir que no estás a la altura. Que en cualquier momento alguien va a descubrir que en realidad no sabes lo que haces. Que te has colado en una fiesta a la que no estabas invitado. Que no eres lo suficientemente bueno. O que no te lo mereces.
Y sí, lo he sentido. Muchas veces.
Incluso ahora, escribiendo este blog. Me digo: ¿Quién soy yo para escribir nada? ¿Le interesará a alguien? ¿Aporta algo? ¿Lo estaré haciendo bien?
Y la verdad es que no tengo ni idea.
A veces pienso si esto realmente me apasiona, si esto “me renta”, si lo estoy haciendo por las razones correctas. Y luego se me pasa. O intento que se me pase. Porque, sinceramente, también disfruto. Disfruto mucho haciendo esto. Aunque no me vea como un referente. Aunque me dé vergüenza. Aunque sea una persona más bien reservada, tímida, de las que no les gusta ser el centro de atención.
Y sí, eso me ha jugado malas pasadas. He perdido oportunidades. He evitado hablar cuando quería hacerlo. Me he escondido en mi propio perfil bajo.
Pero también sé que esa parte es mía. Que forma parte de mi esencia. Y que, gracias a eso, encontraré otras oportunidades distintas.
Tal vez escribir esto sea una de ellas. O tal vez no. Pero qué más da. Estoy escribiendo. Y me gusta. Y eso es suficiente.
¿Qué es exactamente el síndrome del impostor?
Aquí es cuando le pido ayuda a mi amigo el Chat (gracias por tanto).
El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico en el que una persona duda de sus logros y tiene un miedo persistente a ser expuesta como un «fraude», incluso cuando hay pruebas claras de su competencia o éxito.
Suele venir acompañado de pensamientos como “tuviste suerte”, “no es para tanto”, “no soy tan bueno como creen”… Y afecta a más personas de las que imaginas. Incluso a referentes. Incluso a gente que ya «lo ha conseguido».
Es importante entenderlo para poder enfrentarlo. Porque se puede gestionar. No te voy a decir que se puede eliminar del todo (ojalá), pero sí que puedes dejar de dejarte llevar por él. Reconocerlo. Saber que está ahí. Y que no eres el único, ni la única.
Yo, por ejemplo, me lo repito:
No tienes que demostrar nada. Solo hacer lo que te gusta.
Si no crees en ti, nadie lo va a hacer por ti.
Y aunque suene a frase de taza, es verdad.
Así que si lo sientes, no estás solo
Si has tenido esa sensación rara de estar ocupando un lugar que no te corresponde, de no estar “preparado”, de estar actuando… te entiendo.
Pero estamos aquí. Lo estamos haciendo.
Y al final, creo que eso es lo importante: no dejar que esa voz nos frene. Seguir. Competir. No con otros, sino con esa versión tuya que cree que no puedes.
Yo creo en ti. Y no te conozco. O sí. Hola mamá.
Chiste interno del primer post, si no lo pillas vuelve atrás. Esto tiene lore. Pero no Lore la de La que se avecina, sino lore de historia continua. Como el “21 días”. Por cierto, esa serie da para otro post. Puede que el próximo.
Gracias por leer. De verdad. Esto no es un blog al uso. Pero algo espero que te deje.
Creo que pondré algo para que dejes el email y pueda avisarte. Si no, sígueme en redes. Seguro subiré algo avisando por ahí.
Chauuuu chau chau chau chau chau.