Lo difícil no es empezar. Es mantenerlo

Cuando lancé este blog, lo tenía claro: mínimo un post a la semana.

Nada loco. Solo sentarme, escribir y compartir algo.

Una vez por semana. Fácil, ¿no?

Bueno.

Aquí estamos. Han pasado más semanas que posts.

Y me he dado cuenta de algo: lo difícil no es empezar. Es mantenerlo.

Empezar es fácil. Más o menos.

Al principio todo es ilusión. Energía. Te vienes arriba.

Te dices esta vez sí.

Y te lo crees. Porque en ese momento lo sientes de verdad.

Pero luego llega la vida.

El curro, los plazos, el cansancio, la cabeza que va por libre.

Y ese espacio que habías creado para ti, para escribir con calma…

pasa al final de la lista.

Y empieza a pesar. Porque sabes que no lo estás cuidando como querías.

¿Me falta constancia? Sí.

¿Me sigue gustando esto? También.

No he dejado de escribir porque no me guste.

Ni porque no tenga nada que decir.

Lo he dejado un poco de lado porque me cuesta mantener el ritmo.

Porque a veces me saturo. Porque a veces quiero hacerlo perfecto y eso me frena.

Porque a veces me olvido de por qué empecé.

Y eso no solo me pasa con el blog.

Me pasa con ideas, proyectos, rutinas, hábitos.

Supongo que a ti también te pasa.

Por eso este post

Este post es más para mí que para nadie.

Para recordarme que vale más escribir algo con ganas que no escribir nada por exigirme demasiado.

Que lo importante no es clavar el calendario.

Es volver.

Volver cuando puedas. Volver cuando te apetezca.

Volver porque sí.

Porque este blog lo empecé por gusto.

Y hoy, aunque cueste, lo sigo escribiendo por lo mismo.

Gracias por seguir por aquí.

Aunque no suba cada semana.

Aunque a veces desaparezca.

Pero sigo.

Y eso, a veces, es suficiente.

Suscríbete