Hay días en los que todo fluye.
Las ideas encajan, las frases salen solas, los conceptos se conectan sin esfuerzo.
Y luego están los otros días.
Los del folio en blanco. El bloqueo. El “vale… ¿y ahora qué?”
Si te dedicas a algo creativo o estratégico, ya sabes de lo que hablo.
Es esa sensación de tener que partir de la nada,
cuando en realidad lo que necesitas es observar, escuchar, dejarte llevar un poco.
A mí me pasa más de lo que me gustaría admitir.
Y durante mucho tiempo pensé que era señal de que algo iba mal.
Que si me atascaba al empezar, era porque no tenía claro el rumbo.
Spoiler: eso no es verdad.
Con los años he entendido que ese “no saber por dónde empezar”
es parte natural del proceso.
Es incómodo, sí. Pero también necesario.
Porque detrás de ese caos mental
suele haber algo esperando a salir.
Algo que necesita orden, espacio y paciencia.
Y a veces, también un poco de aire fresco y desconexión.
Hoy solo quería recordarte esto:
no pasa nada si no lo tienes todo claro desde el principio.
No estás haciendo nada mal.
No eres menos profesional por tener días lentos o confusos.
Estás en medio del proceso.
Y en medio del proceso también se avanza.
Gracias por estar aquí.
Gracias por tomarte este ratito para leerme.
Ojalá esta newsletter te llegue justo cuando más la necesitas.
Y si estás en ese momento en el que no sabes por dónde empezar…
bienvenid@. Ya has empezado.
Un abrazo fuerte,