Hay una frase que leí hace poco y se me quedó dando vueltas en la cabeza:
“Think like a fucking beginner.”
Directa. Sin filtro. Y muy cierta.
Porque cuando llevas tiempo en algo (diseño, estrategia, emprendimiento, lo que sea), hay un momento en el que crees que ya sabes cómo va todo.
Y justo ahí, sin darte cuenta, dejas de mirar con hambre.
Un principiante no está condicionado.
Tiene curiosidad real.
Pregunta más, se atreve más, se equivoca más… y aprende el triple.
Un principiante no tiene ego.
No intenta demostrar nada.
Solo quiere entender.
Y esa es la mentalidad más poderosa que existe para crear.
En cambio, el experto tiende a proteger lo que ya sabe.
A quedarse cómodo en su método, en su forma, en su rutina.
Y sin darse cuenta, empieza a repetirse.
A diseñar sin alma.
A resolver sin pensar.
Y eso, en el fondo, es lo contrario a crear.
Yo cada vez tengo más claro que mi mejor trabajo no sale de “saberlo todo”,
sino de volver al punto cero.
De mirar como si no supiera nada.
De preguntarme por qué otra vez.
Ahí es donde aparece la chispa.
Donde vuelves a probar, a arriesgar, a disfrutar.
Así que sí, piensa como un jodido principiante.
Aunque lleves años haciéndolo.
Aunque creas que ya lo tienes dominado.
Porque la curiosidad es lo que te mantiene vivo.
Y sin curiosidad, da igual lo que diseñes:
todo acaba sonando igual.
Gracias por leer.
Nos seguimos viendo por aquí.
Y recuerda: el que cree que ya sabe, deja de aprender.
Chau chau chau chauuu.