De pequeño me gustaba escribir. Mucho. Me sentaba una tarde cualquiera y lo soltaba todo. A los 16 años tenía un blog donde hablaba del amor, de cómo veía el éxito, de la vida. Lo hacía sin miedo, sin pensar demasiado, solo por el placer de poner en palabras lo que llevaba dentro. Y aunque hoy tengo 30, me jode haber perdido esa costumbre.
Supongo que crecí, me metí en la rueda de la vida adulta, el trabajo, los plazos, los mails, los proyectos… y sin darme cuenta, dejé de escribir.
Pero algo se ha vuelto a encender. Quizá por nostalgia, quizá por necesidad. Y sí, también por los hacks. Porque ahora tenemos herramientas como esta IA que me ayudan a no perder tiempo —y si algo valoro por encima de todo hoy, es el tiempo. El mío. El de los demás.
Así nace este blog.
O lo que quiera que sea esto. Un espacio para sentarme a escribir otra vez. A soltar lo que me apetezca: cosas de la vida, del diseño, del branding, de lo que significa ser autónomo, de lo que significa simplemente estar. A veces serán reflexiones útiles. Otras, quizás, solo ganas de desahogarme. Y si con eso consigo hacerte pensar o sacarte una sonrisa, me doy por más que satisfecho.
No te voy a prometer un calendario fijo de publicaciones ni una estrategia de contenido. Esto no va de eso. Esto va de escribir porque me da la gana. Porque quiero volver a disfrutar de esa sensación de estar frente a un texto y ver cómo cobra forma. De compartir lo que sé, lo que he vivido, lo que me ha dolido y lo que me ha hecho crecer.
No sé cuánta gente leerá esto. Tal vez seas la única persona que lo lea. Tal vez ni mi madre lo lea. Pero da igual. Yo voy a escribirlo igual. Con todo lo que soy. Sin perder mi esencia. Porque eso es lo que me ha traído hasta aquí, y eso es lo que me va a llevar a donde quiero llegar.
Y sí, sé que he hablado mucho de mí, y eso me incomoda un poco. Pero este post lo merecía. Es el primero. Es una declaración de intenciones. A partir de aquí, el protagonista serás tú. Porque si estás leyendo esto, ya estás dedicándome algo valiosísimo: tu tiempo.
Y eso lo agradezco de verdad. Más de lo que puedo explicar.
Creo profundamente que cuando valoramos el trabajo de los demás, cuando compartimos sin esperar nada, cuando somos generosos con lo que sabemos, todo se equilibra. Todo vuelve. Y eso, en el fondo, es lo que busco: aportar, aunque sea una chispa pequeña. Y también disfrutar del proceso. De estar. De vivir el presente. De querer. Querer mucho. Querer bien. Y también mal, porque de ahí también se aprende.
Al final, el trabajo, la vida, el amor, el éxito… todo va un poco de lo mismo. De caerse, de perder tiempo, de recuperarlo. De darle sentido a lo que hacemos mientras tanto.
Gracias por estar aquí.
Nos leemos.